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¿Eres una workaholic?

 

Workaholic: trabajo adicta, trabajólica, loca por el trabajo…. La que no puede parar de trabajar, que corre como una loca todo el día, el celular es una extensión de su mano y, aunque se lamenta por ese ritmo acelerado, en realidad ¡Lo disfruta!

¿Aún dudas si eres una de ellas? Revisa estos puntos y me cuentas:

 

1)   TU MAYOR FUENTE DE ALEGRÍAS SON LOS LOGROS PROFESIONALES

Tu tema favorito es el trabajo y los éxitos alcanzados, puedes hablar de ello por horas y con mucha energía a tus amigos, pareja y familiares. Al hacerlo, sientes una adrenalina rica que recorre tu cuerpo y tu autoestima crece. Sin embargo, cuando se trata de otros temas, aparece el letargo, el cansancio, el sueño y la pérdida de atención.

2)   YA NO VAS A LOS EVENTOS PERSONALES

Hace un tiempo has dejado de ir a los cumpleaños de tus amigos y eventos familiares. La mayor parte del tiempo existe una actividad asociada al trabajo que es impostergable o irrenunciable. Sientes que aquello en lo que estás trabajando es más importante y que lo demás puede esperar, que más adelante, cuando la cosa se calme o baje ese período demandante, podrás darte el lujo de una vida social más activa.

El problema es que ese momento parece nunca llegar y ya te has perdido más de 3 cumpleaños seguidos de un amigo muy querido…

3)   VIVES CONECTADA LAS 24 HORAS

Y cuando digo “24 horas” me refiero literalmente. Vas con tu celular al baño (incluso ya ha naufragado alguna vez en la taza del wc); cuando almuerzas, comes con una mano y con la otra revisas los mensajes; refrescas la pantalla de tu móvil a cada rato para ver si ha entrado un nuevo correo, aunque la última vez que lo hiciste fue hace un segundo; haces deporte con el celular en la mano, contestas llamados y escribes correos incluso cuando vas corriendo en la trotadora. Y, para finalizar, cuando vas a acostarte, lo último que miras es la pantalla de tu teléfono, para luego dormir con él bajo la almohada.

4)   NO EXISTEN NI PAUSAS NI HORARIOS

Si trabajas en una oficina, eres la que siempre está allí. Si lo haces en forma remota, empiezas a bombardear a los demás con tus correos a horas insólitas, ya sea por lo temprano o por lo tarde, y a veces incluso lo haces en los fines de semana. El tiempo se te hace tan corto que si puedes, te saltas las horas de comida o comes en el mismo escritorio, te aguantas las ganas de ir al baño hasta que estás a punto de explotar y no despegas los ojos de la pantalla ni aún cuando los tienes secos y rojos.

5)   TRABAJAS AUNQUE ESTÉS ENFERMA

Tu sencillamente no paras, ni siquiera cuando tu cuerpo te lo pide a gritos. No importa si es un terrible dolor de cabeza que arrastras hace días o si se trata de esa gripe que te pegó tu hijo. Estás al pie del cañón en la condición que sea, aunque tu productividad sea menor o igual a cero.

6)   HACE MUCHO QUE NO TIENES UNAS VERDADERAS VACACIONES

Ya no recuerdas la última vez que te tomaste unas semanas libres de toda conexión con tu trabajo. Como usas tu celular para sacar las fotos del paseo, caes en la tentación de revisar los correos, así sea que estés tendida sobre la arena más blanca y tengas frente a ti el mar más turquesa, o te encuentres escalando la montaña más empinada en ese tour ecológico que tomaste. Tu cuerpo está de vacaciones pero tu mente, no lo acompaña.

 

¿Qué tal te fue? Quizás sea un buen momento de replantearse algunas cosas… No vaya a ser que por estar tanto tiempo mirando fijo al mismo punto ¡Te estés perdiendo el panorama completo!

 

 

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